Siento sed, tengo sed de aquellos alimentos que no se comen, en realidad.
Alimentos como una caricia sobre mi cabello, como la sensación de calor en los labios, como asientas los ojos cuando ves sin mirar, como oler el perfume único de quién, teniendo los pies en la cama, te regala la sensación de volar, el sentir amor verdadero sin importar circunstancias, ni mucho menos pasado o futuro.
Sed de la distancia entre mis labios y los cálidos de aquellos, el tímido roce de manos, de piel.
¿Existe algo más espectacular que la explosión del alma, de una galaxia propia, llena de sentimientos?
No.