En el lugar, hogar que siempre amó,
preparaba el chocolate, el humeante calor, lo cálido que llenaba las piezas.
Era la mejor en ello, y todos lo sabían, hasta su perro lo sabía.
Y es que en aquella zona donde era difícil caminar bien debido a la tormenta de nieve, siempre la esperaban en cada víspera de Navidad. Esperaban sus vestidos bordados por ella, rojos, azules y violetas. (Colores profundos que representaban su amor, la pasión por la cocina y por el cariño familiar). Llegaba en el coche, se abría la puerta y abrazos, muchos abrazos y lágrimas de emoción, de alivio. Guardaban sus caballos cansados y la invitaban a entrar.
Si no fuera porque ya es adulta e independiente, estaría aún viviendo en el pequeño pueblo... También con el eterno cariño de sus sobrinos, hermanos y padres.
En su corazón siempre permanecería su familia, donde quiera que estuviera, pero más que algún familiar, su perro. Era su secreto, porque Capu, el peludo perro pequeño de múltiples colores cafés, negros y blancos, era el amigo animal que todos quisieron alguna vez tener, aquel perro que en su hocico logras ver la sonrisa de oreja a oreja especial y única para ti, el que aunque te hayas enojado con él, te sigue recibiendo con ella, el que corre y salta e intenta darte alguna especie de abrazo, el afecto puro de un animal que es mucho más humano que nosotros, el que te cuida hasta de tu sombra, el que te moja toda tu cara con langüetazos llenos de afecto y amor y siempre acabas asqueando por su olor a animal puro. En fin, la mascota que nunca olvidarías y mucho más aún cuando fue el que te salvó la vida durante el incendio de aquel 27 de Diciembre del 1892, cuando la visita se convirtió en tragedia.
Días después de la navidad y la hermosa cena en reunión familiar, todos satisfechos de un gran día se dirigieron a sus habitaciones. Albert luego de darse vueltas en la cama buscando conciliar el sueño, decide levantarse con su frazada bordada por ella y prepararse un poco de leche caliente, se dirige a la pequeña cocina, vierte un poco de leche en el tazón de aluminio y lo pone al fuego, Capu con sus ojos brillosos lo ve desde la alfombra que adorna la pequeña cocina, se lanza sobre él con la espera de recibir también el cariño que da y es cuando caen junto con la frazada alcanzando el fuego, es lo que da inicio a la desesperación y miedo de Albert; se quita en apuros la frazada al verla que estaba siendo abrazada por el fuego, cae al suelo y Albert al percatarse que ya no hay nada que hacer, que el fuego adora la madera, el material del cual la casa estaba creada para brindar el calor a sus habitantes, y ver que el fuego cada segundo cobraba más vida y altitud, corre a dar aviso entre gritos que salieran todos de casa, en la última pieza estaba ella, quien tuvo la desgracia de ser la última en salir, ya que luego de que todos despertaran y se dieran cuenta de que el siniestro estaba tomando más espacios y cubriendo entradas a las demás piezas, sólo pudieron gritarle que corriera y saliera lo más rápido posible de su habitación. Capu intenta también escapar de la tragedia que estaba ocurriendo, se asusta al ver a todos espantados y escuchándolos gritar horriblemente, pero logra también oír al sollozo que provenía de la última pieza, y cuando un perro quiere lograr su objetivo, todos saben que el buscar la manera de hacerlo no los cansa hasta lograrlo o atraparlo.
Capu corre y salta las llamas hasta llegar a la pieza de su dueña, desvanecida al lado de su escritorio, intenta moverla, despertarla, que se diera cuenta de lo que estaba ocurriendo para que lograra escapar, pero luego de tantos intentos fallidos, la toma de su pijama violeta con su hocico arrastrándola, logrando esquivar el fuego y las ascuas, esto hasta que ve a Albert, quien horrorizado y asustado la toma en sus brazos y corre hacia afuera, junto con los demás ayudándola a respirar. Capu al intentar seguir a Albert, retrocede cuando ve las llamas tapar las puertas, sus orejas mirando hacia atrás, su cola peluda y blanca ocultada entre sus patas traseras, sus ojos brillantes reflejando el rojo y amarillo del siniestro y su hocico emitiendo el sonido de miedo, desesperación y llanto.
Albert al darse cuenta que Capu no venía tras él cuando a ella la dejó en los brazos de su tía Sam, corrió hacia dentro fallando en el intento de entrar, ya que era imposible, el fuego tapó y devoró la mayoría de la pequeña casa, nisiquiera el frío congelante logró calmar al fuerte rojo, y esto fue lo que logró vencer el coraje y la esperanza de encontrar al pequeño héroe vivo con su siempre jadeante sonrisa.
"Dios elige siempre a los más puros y fieles de corazón, aquellos que no merecen vivir en nuestro mundo de pruebas, para tenerlos en el suyo libre de mal y peligro. Libres de sufrimiento." - Tía Sam