Tal vez nunca se supo la historia en la que el puma fue cazado por el ciervo..
Fue un día desértico y lleno de furia para un puma, que dentro de su manada, no se sentía en paz consigo mismo, aislarse era la mejor opción cuando de casuales encontrones se trataba.
Sin importar, que el Sol no dejara de abrigar, ni que la tierra dejase de quemar, él podía tenerlo todo, con sus garras, voluptuoso y ya majestuoso cuerpo, macizo, sin fronteras, capaz de extinguir una especie si requería.
Ojos color de su tierra, cautivadores, valientes y capaces de ahuyentar cualquier ser vivo que se le intentara enfrentar...
¿Y cómo fue posible?
Que aquel día abrumador, el hambre tuvo que ser callado, por más ni menos que una de sus propias víctimas.
Un ciervo, se le cruza a kilómetros de distancia ante sus mieles ojos, seduciendo involuntariamente su instinto salvaje, cazador y ... hambriento, su lengua bailaba tranquilamente en las aguas del aproximado río.
Tan sutilmente dibujado, inocente ciervo, creado especialmente para correr veloz como el mismo viento que acariciaba el pelaje del puma a distancia, tuvo que ser captado por cuyo ser vivo, era uno de sus mayores depredadores. Y es que, el ciervo sabía quién lo observaba con gran despertada hambre, sí, lo sabía muy bien, pero, no hallaba nada malo en correr, ser perseguido por un rato, si su vida era por eso, ¿qué más daba ser devorado mientra sus veloces patas danzaban con el viento, si ya nada de su familia quedaba?.
Se levantó, con el mismo sentir de grandeza cazadora, sigilosamente buscando la visión más segura para correr y cazar, así de fácil como se lo imaginaba, a tan ansiada presa... Acercándose, cada vez un poco más entre las allegadas hierbas, casi seguro del sabor que sentiría en su hocico cuando incrustase sus afilados y feroces colmillos, y siendo observado por su querida y detestada manada. Pero el ciervo, esperaba que se acercara un poco más, para fingir que ya tarde se había dado cuenta de la presencia de su cazador, y correr como si la misma tierra se abriera detrás de sus patas.
El puma saltó, y con éste, el ciervo, la gran ansiada carrera de entre devorar y salvarse había comenzado. Si la hierba hubiese tenido agujas, las patas de cada animal ya habrían terminado destrozadas, pero es que, ésta carrera parecía no tener un fin, el puma, perseguía a su presa con el aire, emancipado en oler su sangre, su carne, enceguecido por el hambre, por su furia de no poder aún atrapar a tan simple presa, sus ojos no se apartaron de su ciervo nunca, en ningún momento pudo ni quiso observar los naturales, hermosos paisajes que pasaban fugazmente a su alrededor. Y el ciervo, ganando el mismo sentimiento que su cazador sintió una vez; ganador, valiente y sin fronteras, corría y corría, sus patas no parecían si quiera cansarse, estaba hecho para mover cada músculo, cada extremidad, con la mayor velocidad posible que existía, si recordaba a su ya caída familia, le ganaba mucha más ventaja a su cazador, como si ganar fuerza, velocidad fuese algo tan simple para un ser que comparado con su depredador, podría haber sido ya digerido en sus entrañas bastante rato.
Hasta que, viéndose en un lugar con bellas montañas rocosas, pudo pensar de la misma velocidad que corría, causar una avalancha a su cazador, podría ser la razón de terminar su ya agotadora carrera, no lo pensó más, subió y saltó a gran altura en una de las montañas, empujando con la poca fuerza que le quedaba en sus delgadas patas, causando un terrible derrumbe que nunca vio en su vida hasta aquel momento, ni mucho menos se lo habría imaginado hacer una trampa a su más hermoso y fuerte depredador. Decenas de rocas cayeron, aplastaron, y atraparon al puma, dejándolo dentro de una especie de cueva sin salida, herido en su precioso lomo, más no muerto, pero sí frustrado.
¿Pero cómo pudo ser posible, ser un cazador cazado?
¿Cómo llegar a sentir tanta frustración?
Si nunca jamás, pudo haber pasado esto.
Si nunca jamás, pudo haberlo si quiera creído, si se lo hubieran contado.
Presa de su propia, indefensa, ansiada y ex-presa.
Quedóse en la cueva, espantado, sorprendido, como nunca podría estarlo más, en su celda.
Enjaulado también, dentro de sus propias conclusiones, pensamientos, y sensaciones que extrañamente, un gran puma podría experimentar.
Hasta ahora, no encuentra su salida, no encuentra la forma de escapar de aquella perturbadora, pero asombrosa cueva, ganando sentimientos, y pensamientos, tanto malos como buenos.
¿Pudo haberlo logrado, si se hubiera atrasado un poco más en saltar?
¿La sabiduría del ciervo, pudo más que la feroz fatiga del testarudo puma?
¿Existirá la forma de salir, aún, con su lomo herido por las rocas feroces al igual que sus colmillos?
...¿Y si te digo, que en realidad, no son animales?.
Encontrar una solución, un remedio, una salida, un espacio donde vomitar sentimientos, pensamientos, emociones sin sentido, tal vez.
viernes, 8 de marzo de 2013
sábado, 2 de marzo de 2013
Sólo a veces.
Nunca dices algo más.
No me molesta, de alguna forma me gusta, y de otra forma me acongoja.
En este momento da lo mismo cómo está el mundo, cómo estoy yo, para mí.
Suficiente nunca ha sido, y me quejaré las veces que me vengan.
¿Por qué debo hacerme tantas preguntas?
¿Por qué debe ser así?
Sí, a veces me canso, y a veces no tanto,
pero me gusta quedar así.
Y a la misma vez, lo detesto.
No me molesta, de alguna forma me gusta, y de otra forma me acongoja.
En este momento da lo mismo cómo está el mundo, cómo estoy yo, para mí.
Suficiente nunca ha sido, y me quejaré las veces que me vengan.
¿Por qué debo hacerme tantas preguntas?
¿Por qué debe ser así?
Sí, a veces me canso, y a veces no tanto,
pero me gusta quedar así.
Y a la misma vez, lo detesto.
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