Con un gran abrigo gris, llega y se sienta en una banca, cruza las piernas y por un instante se mira los zapatos negros de charol, al fondo, el mar, en su gran resplandor bajo las espumosas nubes.
Si no fuera porque el frío espantara a los turistas, la playa habría estado plagada bajo personas donde sólo buscan diversión... "Diversión" bajo el potente Sol. No es odio a la gente, es indignación el que no puedan disfrutar de una buena lluvia, una rica brisa fría y erizante.
En su bolso, yacen descansando al fin, sus audífonos. Se los había quitado sólo para oír mejor la canción que tocaba y siempre tocará el mar.
Es cuando, al cerrar sus ojos y privarse por un momento del frío hermoso paisaje; recuerda el llegar de una señora curiosamente con el mismo abrigo pero en tono azul.
-¡Qué día más deprimente! ¿No?.
-¿Disculpe?...- contesta, abriendo los ojos.
-Que qué día más deprimente el de hoy, ya está que se larga a llover, algo bastante extraño en esta época de verano.- dice la señora, frotándose las manos, y exagerando su tiritar.
- Me parece un día estupendo. Me perdonará usted, pero prefiero mil veces que llueva antes que caiga un calor insoportable en esta ciudad, ya, insoportable.- responde desviando su mirada al mar.
La señora parece extrañada ante la sorpresiva respuesta de la joven, se cuestiona y concluye que tal vez tuvo un mal día.
-Señorita, usted no sabe lo que dice, me parece que tuvo un mal día, pero eso no significa que no saldrá el Sol.- contesta la señora bastante sonriente y aún con algo de extrañeza en sus ojos.
-No puede haber sido un día más maravilloso con este hermoso blanquecino cielo.
-¡Por favor! Dígame que tiene de hermoso, qué tiene de bueno un día lluvioso donde la gente no quiere ni salir.
-El agua es pureza, el frío puedo solucionarlo, pero el calor, muy pocas veces puedo. Además, la gente no sale por no querer mojarse no más, por miedo a resfriarse, no saben disfrutar las gotas que caen en la cara, pureza, amor, regalo de los Dioses. Por favor, para no resfriarse existen muchas soluciones para prevenir, ropa, abrigo, remedios, vitaminas, no hay excusa.-
-Puede que tenga razón, pero insisto, en que el Sol entrega más amor, más calor, y estas nubes llegan a apoderarse del cielo como si tan interesantes fueran.
La joven de largo abrigo gris, se queda callada por un momento hasta que le responde;
-Si tanto detesta usted los días nublados, ¿A qué vino para acá?.
-...Vine, porque en este mar he sufrido las pérdidas de mi marido y mi hijo Marco, hace ya treintaiséis años que no están conmigo. Y siento, que viniendo, estoy más cerca de ellos.
-Oh, lo siento mucho, Señora, disculpe mi ...
-No se preocupe, señorita.- Interrumpe la señora, con grandes ojos pardos mira a la joven fijamente con cierta tristeza en sus cansados ojos. -Los pensamientos cambian cuando se conoce más. Marco y mi marido murieron a causa de venir a surfear en días de lluvia, casi tormentosos días de lluvia. Si tan sólo me hubieran hecho caso, no estaría aquí.
-Señora, disculpe lo cliché que puedo sonar, pero la frase de que todo pasa por algo, es cierta. No existe mayor consuelo que el saber que seguimos vivos por alguna desconocida razón, esa razón, es la que nos mueve y nos mantiene despiertos ante el futuro.
-Créame que pienso igual. Estos días lluviosos me recuerdan más que nunca la ausencia de los dos, pero en cierto sentido, me siento feliz, sé muy bien que este lugar no era eterno para personas tan humildes y sencillas como lo fueron ellos.- contesta la señora, mientras se pone guantes polares color azul eléctrico.
-La lluvia no siempre significará pena, Señora, la lluvia significará lo que cada uno refleje en su corazón.- responde la joven con los ojos atentos ante el hermoso color azul eléctrico de los guantes que pareciesen brillar más bajo el gran cielo cubierto.
-Me sorprende tu cariño por el día nublado y la lluvia, ¿te han traído buenos momentos, acaso?.
-Buenos momentos, sí, muchos. Pero va más allá de eso, desde pequeña que siempre he amado los días blancos, me encantaba la nieve que caía en mi jardín en los inviernos. Siempre intentaba de alguna forma, escapar y mojarme afuera corriendo sin dirección por las calles, sentir el agua en mis ojos, que no fueran lágrimas, si no, que azúcar líquida por el Sol que por encima, derretía las nubes... Y el mar, que a veces llamo María, porque siempre he creído que es mujer, por la belleza de sus olas, por las curvas de sus aguas en sí misma y en la arena; siempre combina con la lluvia y el pálido, pero para mí, alegre cielo blanquecino.- explicaba la joven con gran brillo en sus ojos negros, claros por el paisaje que la deslumbraba.
-Supongo, que es como dices, que el corazón, nuestro sentir, se refleja en la lluvia. Cada lluvia es diferente, entonces, pero para mí, no.
-Su marido y su hijo, estoy segura, que siguen surfeando cada vez que usted viene hacia acá, felices de verla viva.- le dice la joven mirando la plateada y hermosa cabellera larga de la señora de ojos cansados.
-Estoy muy segura, que seguirán surfeando felices, seguirán surfeando su sueño, su eterno sueño sin fin, esperándome... sí, esperándome.-
El recuerdo de aquella señora, por alguna razón desconocida, siempre permanecerá en su corazón.
Aquel día recordado, la misma banca, mismo color de cielo, y mismo abrigo, siempre estaría en ella cada vez que visitara el lugar. El sólo pensar que la señora, después de dos días de aquel encuentro, habría sido encontrada muerta en su cama un domingo al atardecer, la desconcertaba en cierta forma.
¿Por qué razón la conoció?
¿Estará feliz ahora?
¿Apreciará los días nublados con su hijo y marido?
¿Habrá aprendido a surfear?
-Qué pregunta más estúpida. Debería irme de aquí, ya está atardeciendo...- Habla a sí misma, cuando de repente al levantar la vista hacia el mar, a lo lejos, ve las olas danzar al compás de "Guilty" de Al Bowlly en sus audífonos, y pudo jurar... Que Marco aparecía debajo de las olas, riendo con su padre que en el mar con su tabla, le aplaudía de lejos. Y en las arenas, María tocaba los pies de una mujer con larga cabellera dorada, vestida con un hermoso abrigo azul.
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