domingo, 30 de junio de 2013

Revivir en Alto Vuelo

Muy querido Diario;
Después de haber casi muerto la noche de ayer, de casi protagonizar un choque con el Héctor, el Fox y el Carrizo en el auto de mi viejo, luego de habernos hecho mierda tomando y fumándonos unos joints, desperté con un dolor terrible de cabeza, de cerebro. Pero al menos desperté. ¿Y qué mejor manera de despertar con los gritos y todo el barullo de mi vieja?. Eran como las 2:30 de la tarde y mi vieja casi botando la puerta a golpes me gritaba;
-¡Iván, por favor ten la dignidad de levantarte! ¡Tenemos que salir en una hora! ¡Levántate al tiro!.
A través del único agujero pequeño que acomodé con mi cubrecama azul, donde entraba la luz celeste de las paredes iluminadas por los altos ventanales que daban al jardín de mi casa, pensaba y deseaba que todo solo fuera una pesadilla, que mi hermana estaba viva y no muerta hace 6 años, que todos los violadores enfermos parásitos y lacras mentales ya no existían, que los había masacrado yo mismo con mis manos deseosas de justicia. Pero no, el mundo sigue igual de mierda y probablemente no cambie nunca y el hueón que violó y asesinó a mi linda hermana Abby hace 6 años sólo cumple su "generosa" sentencia de 20 años. El mundo está infectado y sinceramente, ojalá pronto termine y acabe con nuestra infelicidad y el sistema de mierda que nos tiene a todos con una falsa libertad. Ojalá.
Luego de vestirme y ponerme mis Converse verdes, fui al baño y vi en el espejo a un pendejo "pituco" y "buenmozo" como dice mi vieja, como siempre ella tan mamá, jamás diría que soy un hueón feo pecoso, que mis azules son pura copia y trabajos pagados, porque puta, dinero me sobra, pero yo sin plata, soy un pendejo más, vacío, carente de valores y virtudes. Hay que ser realista, mis viejos podrán nadar en plata pero de que valgan algo interiormente, nunca, o tal vez cuando las vacas bailen twist con los cerdos voladores, ahí podría ser.
Mi vieja me sacó casi volando del baño y apurándome mientras me comía un pan con huevos a la copa.
-Iván, ¿Podrías hacerme el favor de apurarte? Tu papá está nervioso por la hora, debemos estar a más tardar a las un cuarto para las cuatro allí, sabes cuánto le encantan las obras teatrales y jamás nunca se ha perdido una desde lo que pasó con tu hermana. - Hubo el momento en que después de nombrarla, sus ojos se concentraron en su vaso de Vital sin gas, sin despegar, ni siquiera pestañear, estaba claro que andaba lejos del presente y perdida en el pasado.- Tanto que amaba el ballet, tan hermosa y dulce que era nuestra adorada Abby.. - añadió con sus cristalinos ojos grises.
Mientras ibamos en el auto, que por cierto, rogué como cura para que no haya quedado ninguna mancha sospechosa de alcohol o que el olor de la yerba haya quedado impregnada en los asientos, miré el cielo despejado de las calles de La Serena, no había ni una sola nube, el Sol gobernaba en su admirable amarillo resplandor, no podía sostener la vista en el cielo ante semejante luz. Noté el Sol más grande que antes. No había tanto tráfico tampoco. En una esquina, alcancé a ver cuando el auto se paró por luz roja, un pájaro muerto, un "tío Gustín", tenía todo su abdomen destrozado, y sus alas abiertas, a pesar de ello, se veía insignificante a simple vista, me cuestioné varias veces el cómo habrá muerto.
Al entrar al teatro Centenario, me llegó extrañamente el mismo olor de perfume que usaba la Abby, llegó con una combinación de emociones, pena, rabia, nostalgia... Mis viejos no lo sintieron, también al entrar tenía la estúpida certeza de que iba a ver a la Abby bailar en su función, como la última vez que hizo.
Después de que mis viejos compraran las entradas, entramos y nos sentamos en una de las filas medias, encontré que no había mejor lugar para ver bien la obra y como corresponde. Saqué de mis bolsillos un Bon o Bon de chocolate blanco y me dispuse a comerlo mientras comenzaba la función.
Admitiré que al principio la obra apestaba, como la mayoría de las obras teatrales, no entendía ni mierda cuál era el tema, al mirar a mi papá vi cómo se deleitaban sus ojos y emocionaban cada vez que apagaban y volvían a encender las luces representando cada parte. Por otro lado, mi madre sólo miraba, sin expresión en sus ojos, tal cual fuera sólo una propaganda o comercial de televisión.
Me estaba casi quedando dormido cuando de repente, apagaron las luces por un lapso de no más de un minuto, algo bastante raro ya que no demoraban más de 15 segundos en volver a prenderlas. Creí que había llegado a su final hasta que las volvieron a prender, una luz tenue iluminaba el escenario, donde se hayaba una mujer de fina silueta, con un vestido azul de seda que dejaba traslucir sus diminutos pechos, su pelo cobrizo tomado y aún así unos rebeldes pequeños y finos mechones acariciaban su frente y mejillas, su cara pálida como sus zapatillas de ballet, parecía ser de porcelana, combinaba con sus rojizas pecas que adornaban el contorno de sus azules marinos ojos tristes, ojos caídos. Dulce en posición esperaba a que comenzara su canción, dos o tres segundos más tarde, comenzaba su cuerpo a expresar la danza más hermosa y reconocida por los ojos de mis padres, ellos veían cada fin de semana el video de mi hermana bailando en su última función, ¿Cómo no iban a reconocer "Summer 78", los giros y mismos pasos que hacía mi hermana en aquel video? Era imposible.
La mujer cual pluma celeste en el viento bailaba, flotaba, parecía volar, sus piernas no tenían límite, no creí que pararía jamás, giraba tan sutilmente como caía en sus pies cada vez que protagonizaba un brinco, podría haberla tomado con una mano y habría estado seguro que no se me caería. Mi viejo estaba en un mar de lágrimas llenas de nostalgia, emoción, mi madre peor, tapaba su rostro pero dejaba ver sus ojos entre sus dedos, atónita ante el espectáculo. Y yo... Yo no sabía si seguir viendo o era mejor salir de allí.
La mujer, la pluma, seguía danzando, su cuerpo lograba combinar con el son de la música generando una sensación sublime, era espectacular todo, admitiré que cada lágrima que derramé no era de rabia o pena, de alguna forma supe que mi hermana estaba bien, en paz, y la obra sólo ayudaba a afirmarlo.
Al apagar las luces, supimos que había terminado todo. Mi madre necesitó de unos minutos antes de pararse y acompañarnos a la salida.
En la puerta nos esperaba y miraba de lejos una niña que se parecía exageradamente a la Abby, vestida casi igual que la mujer de la obra, nos miró a los tres y nos entregó a cada uno un clavel fucsia agradeciendo nuestra presencia, quedamos bien perplejos, pero suponemos que era otra de las bailarinas pertenecientes al teatro. Fue un día bastante raro, pero no por eso menos interesante. Sigo sintiendo el mismo aroma cada vez que paso cerca de las puertas del teatro. Tengo claro que mi hermana mayor y siempre hermosa, Abigail, dejó admirables enseñanzas en este apestoso mundo, a pesar de partir aún joven. Espero hacer lo mismo antes que me venga la hora. Uno nunca sabe, al final.

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