sábado, 6 de julio de 2013

Desarma y arma, y vuelve a quemar enfriándome de nuevo.

¿Y qué hay en el otro lado?

¿Cómo describirlo sin que se vea depresivo?

Que las pocas veces caigo en el mismo agujero que pareciese no tener límite, pero tiene. Que las olas de sentimiento se enfríen y me congelen a mí misma, llegando a querer descargarme de algo que tal vez no existe, que el vacío me congele por completo. Necesito tanto hablar con alguien pero mi orgullo me gana en la carrera hacia mi felicidad, que me tapa, me refriega en la cara la certera y verdadera realidad que sé que vivo. Mis miedos me consuman por dentro, me tiren de los pies fuera de tierra y me presionen contra el cemento, que sienta y asuma de una vez por todas que estoy vacía, que no siento nada más que hielo, el mismo y tan reconocido hielo que llega para quedarse en mi corazón por tanto rato, que tal vez el masoquismo lo merezco para abrir los ojos ojalá de una vez por todas y no los vuelva a cerrar creyendo tanto mundo perfecto, que mi sonrisa sea realmente valiente para callar mi cobardía que se sume en mis pensamientos.
Estoy tan aburrida, sé muy bien de qué, pero no puedo hacer nada, no quiero hacer nada, de alguna forma, siempre encuentro las mentirosas razones para quedarme y seguir sintiendo este hielo disfrazado de fuego instantáneo, reponedor, y tan certeramente frío que llega a dañar y me hace caer en el mismo ciclo de éstas pocas pero fuertes veces.

Mierda, me gusta tanto el aire que me llena pero me vacía y quema mis mejillas y alma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario